
Comenzó la semana como una semana cualquiera, con mis cursos de storytelling en Alcobendas el lunes, pero esa misma tarde tomé el tren que me llevaría hasta Córdoba que, perfumada de azahar, aún recordaba el polvo de mis zapatos que habían pisado sus calles un par de semanas antes con motivo de Cosmopoética.
Mi paso por la hermosa capital andaluza fue breve pero intenso. Atendida en todo momento por Antonio Lucena, a quien hasta entonces sólo conocía de oídas, y que demostró ser un perfecto y encantador anfitrión, tuve la oportunidad de cenar con la escritora Clara Sánchez, lo que me permitió descubrir a la persona que hay más allá de la escritora y (últimamente sobre todo) la celebridad. Es lo maravilloso de los encuentros que propicia la literatura.
Después de dos sesiones muy divertidas en las que compartí poesía con ni

A la hora de la comida nos acompañaron Juan Eslava Galán y su mujer, cuya compañía hizo muy ameno ese rato de asueto justo antes de mi tercera actuación que tuvo lugar por la tarde y, esta vez sí, era abierta a todo el público. El pabellón de actos de la Feria del Libro se llenó de niños, niñas y mayores, que disfrutaron con mis "Pájaros en la cabeza". Y de allí... volando al Ave, no sin antes llevarme una nueva alegría: la de poder saludar, aún cuando fugazmente, a mis amigas María José Pedraza y Elena Medel, algo que no esperaba, pues ninguna de las dos vive actualmente en Córdoba.



Sin tiempo para descansos, esa misma tarde, tras el recital, viajé hasta Cuenca donde, al día siguiente, recibiría el Premio Luna de Aire y tendría entre las manos ¡por fin! mi querido libro "El mundo de Casimiro". Pero eso es otra historia que merece comentario aparte.
Desde Cuenca, con la felicidad aún brillando en mis ojos, y el pequeño y recién nacido corazón del saltamontes Casimiro latiendo entre mis manos, viajé de vuelta a Madrid donde pasé el día 23, Día del Libro como se tiene que pasar: contando cuentos. Desde por la mañana hasta las siete de la tarde. Primero en los colegios Federico García Lorca y Conde de Romanones, y después en la Biblioteca Pública José Acuña. No tengo fotos de ello, pero creo que vuestra imaginación podrá suplir la falta, ¿no?
Desde Cuenca, con la felicidad aún brillando en mis ojos, y el pequeño y recién nacido corazón del saltamontes Casimiro latiendo entre mis manos, viajé de vuelta a Madrid donde pasé el día 23, Día del Libro como se tiene que pasar: contando cuentos. Desde por la mañana hasta las siete de la tarde. Primero en los colegios Federico García Lorca y Conde de Romanones, y después en la Biblioteca Pública José Acuña. No tengo fotos de ello, pero creo que vuestra imaginación podrá suplir la falta, ¿no?
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