

Resulta que, con la llegada del buen tiempo hizo que a La Domadora le salieran hojas verdes y frondosas. Además, un montón de pájaros de colores habían anidado en su cabeza. ¡Menos mal que era un nido fantástico, lleno de sorpresas!
En una sesión en la que el aire fresco entró a raudales, la sala se llenó de aves que traían en sus alas los más sabios consejos. Después, todos los animales de la selva y del bosque se afanaron en plantar el jardín más bonito del mundo.
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